Timothy Tilbe
(Boston University)
Precis: Una Vaca Ya Pronto Serás
La novela Una Vaca Ya Pronto Serás contiene varios puntos de vista, tejidos en una narrativa a la vez fragmentaria y coherente. Es fragmentaria porque el cura Berti intenta representar los pensamientos de Cipriano y otros personajes y, no puede unir sus impresiones contradictorias en una sola voz. La ambigüedad del punto de vista refleja su confusión en una tierra donde “el hombre se acostumbra a lo inexplicable” (22). Sin embargo, con la ayuda de Navarro, intenta imponer una estructura coherente.
Aunque muchos de los capítulos están narrados desde el punto de vista de un sólo personaje, en algunos la perspectiva cambia rápidamente. Por ejemplo, al principio del capítulo diecinueve el punto de vista es de Cipriano, y está narrado en primera persona. En el segundo párrafo, Yepun y Cipriano encuentran a Milanesio en la cueva donde se describe al cura herido, y en el tercer párrafo, el punto de vista cambia a Milanesio, en tercera persona. Luego, Milanesio escribe una carta en la que cuenta un mito ranquel, también en tercera persona. El lector no sabe en qué circunstancias exactas el cura se enteró de este mito, pero es obvio que algún indio se lo pudo haber contado. El punto de vista de una anécdota tradicional no es de ningún individuo, sino de la memoria colectiva de la tribu. Al final del capítulo, cuando termina la carta, el punto de vista vuelve a Milanesio, a través de un narrador omnisciente que narra en tercera persona. Así, el punto de vista del capítulo alterna entre los ranqueles y el cura italiano, zigzagueando a ambos lados del contacto cultural que ocurre a lo largo de la novela.
Existe ambigüedad de los puntos de vista porque la narración es transmitida a través de varios personajes, mediante la escritura, la conversación o la narración oral, y las visiones del clarividente. Se puede representar el flujo de información con un diagrama así:
Hay varias fuentes, varios niveles de la perspectiva, todos filtrados a través de Berti y Navarro. Por eso, los lectores no encuentran las voces completamente auténticas de los personajes indios. Cuando Cipriano narra en primera persona, los lectores recuerdan que la narrativa fue escrita por Berti, y suponen que la riqueza de detalles está imaginada, reconstruida, o inventada por Berti, basada en lo que Cipriano le ha dicho o en las propias experiencias del cura con los indios. La perspectiva de Berti está presente, a veces explícita, a veces más oculta, en toda la novela, porque la obra está presentada como un intento, condenado al fracaso, de entender la cosmovisión de los indios de la pampa: “El abismo era demasiado espectral como para poder alentar cualquier expectativa de éxito” (10).
Los capítulos más obviamente inventados por Berti son los que tratan del coronel anónimo (capítulos 47 y 53). Es inverosímil que Berti sepa exactamente lo que pasó cuando el cacique fue capturado; el oficial no se encuentra con ningún personaje que tenga la oportunidad de hablar con el cura. Es por eso que el coronel no aparece en mi diagrama. Después de describir el asesinato de Manquecurá por el oficial, y su orden “[A]vise a la capital que el cacique no sobrevivió a las heridas,” el narrador dice: “Al fin de cuentas, era una versión de los hechos” (192). La oración puede ser un pensamiento del oficial, pero también puede ser un comentario de Berti sobre su falta de conocimiento de lo que pasó de verdad.
Navarro aparece pocas veces en la novela. Aparentemente, su función principal es proporcionar una explicación de quién escribió la narrativa y por qué. Explica en el prólogo que él mismo corrigió y editó la libreta desordenada de Berti, pero no precisa la profundidad de su intervención. Efectivamente, la ambigüedad es intencionada: Navarro escribe, “Poco importa ahora hasta dónde llegó su pluma y hasta dónde se entroncó con la mía” (10-11).
Berti, animado por la certidumbre de su fe religiosa, viene a la pampa “para cumplir una Santa Tarea” con mayúscula (51). Sin embargo, sus encuentros con los indios, gente cuyo mundo no puede comprender a pesar de todos sus esfuerzos, crean dudas y confusión en su mente. Creo que su encuentro confuso e indefenso con el otro contiene el mensaje central de la novela. Si los indios le parecen inalcanzablemente misteriosos, no puede asimilarlos al catolicismo y a la sociedad blanca de Argentina. Su tarea de comprensión resulta ser más urgente porque el enfrentamiento violento entre los blancos y los indios agudiza su separación social, cultural, y religiosa. Lo que ocurre es una “situación límite, donde lo que estaba en juego era el futuro nacional” (159) — efectivamente, las guerras fronterizas fueron un elemento esencial de la creación del estado argentino. En cierta medida el gobierno tiene el mismo propósito que los curas salesianos — expandir la civilización – pero el gobierno y los militares no tienen interés en la perspectiva de los indios, porque creen que el obstáculo no es la resistencia a la cristianización sino la existencia misma de los indios.
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Ellen Dohan
(Boston University)
En Una Vaca Ya Pronto Serás, el punto de vista sobresale como unas de las características más interesantes y complicadas de la novela. Existe la posibilidad de que tres personajes narren la acción: el indio Cipriano, el padre Guisseppe Berti y el editor Felipe Navarro. Cada uno de estos personajes tiene orígenes propios, experiencias singulares y culturas distintas. Debido a estas diferencias, ellos tienen muchas dificultades para traducir sus ideas y también para comprender las palabras e ideas de los otros. A lo largo de toda la novela, este problema de comunicación e interpretación presenta un obstáculo para los personajes. Cada uno de ellos usa sus propias experiencias para dar sentido a una situación o a una palabra, pero, como constatan los propios personajes, lo que es bien conocido y entendido por un grupo muchas veces no tiene el mismo sentido para otro grupo.
En el capítulo cero que constituye el prólogo de Felipe Navarro (el editor de Berti), se sugiere la dificultad de escribir desde el punto de vista de otra cultura. Navarro comenta sobre la obsesión de Berti: “Berti había concebido el absurdo, el infantil deseo de escribir. . . desde los ojos de los indios. . . El abismo era demasiado espectral como para poder alentar cualquier expectativa de éxito. Una aventura descabellada” (10). En estas frases, Navarro sugiere la complejidad de la tarea del cura. Al igual que Berti, Navarro, un argentino, jamás podrá escribir como un indio debido a las inmensas diferencias entre las dos culturas. Para él, se trata de una aventura, pero no de una realidad con posibilidades de éxito.
En el capítulo catorce, Berti se da cuenta de la dificultad de traducir cuando Cipriano le cuenta un sueño. En el sueño, Cipriano ve una vaca—un animal. Sin embargo, cuando Berti reflexiona, él piensa que es muy posible que la figura de una vaca no conlleve el mismo sentido para los dos personajes: “Un diccionario en ranquel, un diccionario castellano y ranquel, ranquel y castellano. Que le diera la vuelta a las palabras, las pusiera patas para arriba, patas para abajo. Un diccionario como una vaca que le muge al tiempo y que le explica que es una vaca, pero que lo que es, no siempre es” (70). Berti comprende que la tarea de traducir va más allá de la simple búsqueda de palabras que signifiquen lo mismo; traducir también consiste en explicar las figuras y los símbolos de otras culturas—una tarea que es increíblemente difícil para un extranjero como él.
En el capítulo veintinueve, el personaje Cipriano admite una diferencia de su propia cultura frente a la de Berti que también sugiere la dificultad de traducir. En esta escena, Berti y el Cipriano están hablando del malón y Cipriano, en respuesta a una pregunta de Berti, dice: “Vea mis pies. . . En nuestra lengua solo tenemos una palabra para designar los pies del hombre y las patas del animal” (125). Cipriano, un indio, no está acostumbrado a las palabras ni a las expresiones de la lengua castellana o a la cultura europea, y, aunque él está aprendiéndolas, no puede retener todas sus peculiaridades.
La dificultad de traducir no es un tema fuera de lo común. En la novela El Siglo de Las Luces de Alejo Carpentier, el personaje Esteban no logra traducir del todo las ideas de la revolución del francés al español. Esteban quiere encontrar una equivalencia de significado con sus traducciones, pero al no tener una empatía total con la cultura y la política francesas dadas las circunstancias de su propia participación en la revolución en el Caribe, tiene grandes dificultades. En Una Vaca Ya Pronto Serás, la falta de comprensión pisa el terreno del prejuicio racial y cultural, un prejuicio que afecta principalmente la comunicación con los indios, quienes lo perdieron todo. A lo largo de la novela, los europeos y los argentinos consideran que los indios son bárbaros y salvajes; debido a este prejuicio, no quieren aprender sobre su cultura y, como resultado, no pueden entender nada de ellos.
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Tyler McGuire
En su novela Una vaca ya pronto serás Néstor Ponce construye una estructura narrativa muy compleja en la cual el punto de vista cambia constantemente y el lenguaje es el producto de la traducción y la redacción. De cierta forma, el uso de esta técnica narrativa fragmentada expresa el hecho de que la historia de un país poscolonial como Argentina es en realidad la combinación de las historias de muchos grupos distintos—por eso se puede interpretar de maneras diferentes, aun contradictorias. Por tanto, la verdad de la historia se nubla; en realidad, es casi imposible verla. Es precisamente este problema de la imposibilidad de ver la historia objetivamente y en su totalidad lo que explora la estructura de la novela.
La novela específicamente trata de la dificultad de preservar y comprender la historia y cultura de la población indígena desde un punto de vista externo para los indios. Las varias interpretaciones de los sueños de Cipriano hechas por los curas representan esa idea. Por ejemplo, el padre Milanesio trata de dar significados católicos a los sueños porque su cultura e identidad hace que sea imposible ver los sueños desde otra perspectiva.
Mientras tanto, el padre Berti desea expresar la historia de los indios desde una perspectiva indígena. Además, quiere construir un diccionario a partir del lenguaje de los indios. Sin embargo, cada obra fracasa de cierta manera. Nunca se puede expresar la identidad indígena a través de la narración de Cipriano porque cae por los filtros de la traducción y la subjetividad humana de Berti. El cura se siente angustiado en su trabajo de escribir como Cipriano porque en realidad el acto de expresar la identidad de alguien tan distante en términos culturales es una tarea imposible. Su fracaso de escribir un diccionario representa esa imposibilidad de superar barreras culturales.
El uso de varias voces para narrar ese tiempo atribulado en la historia de Argentina refleja la complejidad de la formación de la historia del país. A la vez, el autor expresa que la única manera de explorar la historia es a través de un discurso inacabado. El cambio de las voces y los filtros por los cuales surge la narración reflejan el proceso del desarrollo de la historia en la cual la verdad se nubla y las identidades y experiencias de mucha gente se pierden.